Opinión

¿Pemex expropiando el futuro?

RODRIGO VILLA
ORO NEGRO

Cada 18 de marzo, aniversario de la expropiación petrolera, vemos dos escenas divergentes. Por un lado, discursos de políticos y funcionarios sobre soberanía energética y un Pemex que está saliendo adelante a pesar de sus problemas. Por otro, datos duros que confirman, al revés, que su situación empeora año con año, socavando esa soberanía más allá de la retórica patriótica.X   Learn more
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Esta vez no fue distinto, pero la brecha se extiende a un grado de alarma. Mientras los indicadores muestran a la empresa en rumbo al precipicio, los responsables en turno hacen de la fuga discursiva de la realidad el plan de acción.https://eae06adf21601903467815f75050d76f.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-37/html/container.html

Entender la expropiación de 1938 es asunto de la historia. Para rescatar a Pemex hoy, como es preciso por ser puntal del sector energético, hay que entender el contexto y las necesidades nuestro tiempo. Una cosa es reestructurar para darle viabilidad financiera y operativa; otra tratar de revivir, a costa del erario, un modelo de monopolio paraestatal anacrónico.

Pemex, como está, pone en riesgo nuestra estabilidad macroeconómica. El año pasado perdió 481,000 millones de pesos, equivalente al 70% del presupuesto nacional de salud. Más aún, el apego trasnochado a los combustibles fósiles nos pone en contradicción con el mundo, el futuro, el medio ambiente y la salud de millones de mexicanos.

De subvencionar al Estado mexicano, la empresa pasó a un estatus de quiebra virtual que se haría realidad automáticamente sin el dinero público que recibe. Su deuda asciende a 113,000 millones de dólares; supera el valor de sus activos. En dos años le han metido miles de millones en capital, exenciones fiscales, apoyos como canje de pasivos pensionarios.

A riesgo de llevarse “entre las patas” a la deuda soberana, su Director General acaba de decir que el gobierno asumiría la de Pemex. No obstante, la producción de crudo cayó al nivel más bajo en 40 años y la de gas natural bajó 50% en una década, por lo que, al margen del nacionalismo oratorio, la dependencia de la importación llega a 70%, sin ningún plan para cambiar la ecuación.

En realidad, vamos en sentido contrario: las demás petroleras se reconfiguran para salir a flote del golpe de la pandemia, que tiró la demanda, y en vez de pelearse con la transición energética, invierten y se asocian para adaptarse.

Por ejemplo, Petrobras saneó sus finanzas gracias a un plan que incluyó la venta de ocho de sus 13 refinerías. Shell reconvierte seis para petroquímica de más valor agregado, además de invertir en renovables. BP se alió con Equinor, de Noruega, y la danesa Ørsted para campos eólicos marinos y producción asociada de hidrógeno verde, así como con Volkswagen para una red de carga de vehículos eléctricos. Incluso Arabia Saudita anunció que cubrirá la mitad de su demanda con renovables en 2030.

De acuerdo con un estudio de la Universidad de Princeton sobre el objetivo de Estados Unidos de cero neto de efecto invernadero a 2050, hacia 2030 la mitad de todos los automóviles que se vendan serán eléctricos, hasta que el motor de combustión interna sea abandonado.

No por nada la capitalización de mercado de Tesla supera a la de Toyota, Volkswagen y General Motors juntas. Todas las armadoras, y hasta Apple, están en la carrera del negocio de vehículos eléctricos. Igual que ya tienen su plan de neutralidad a 2050 la Unión Europea, Japón, Canadá, Corea del Sur o, a 2060, los chinos. Reino Unido ya va a la mitad del recorrido y acaba de anunciar los primeros hogares con calderas, estufas y hornos a hidrógeno en abril.

En cambio, desafiando la lógica, la inversión estrella de Pemex es… otra refinería, cuando las seis que tenemos trabajan a la mitad de su capacidad, perdiendo arriba de 10 dólares por barril de crudo refinado y con cada vez más combustóleo como residuo, veneno puro al ser quemado.

¿A quién y a qué precios venderá su petróleo en 10 años? ¿Todo lo vamos a refinar nosotros, como afirman? ¿Y las divisas para pagar la deuda? ¿Para dar salida a la gasolina de Dos Bocas se trataría de sacar del mercado a los vehículos eléctricos con leyes retroactivas y amagos al Poder Judicial, como se pretende desplazar a las energías solar y eólica, baratas y limpias, para favorecer a termoeléctricas obsoletas, caras y sucias? ¿Seguiríamos siendo el cuarto exportador mundial de automóviles?

Por esta ruta, en vez de baluarte de la soberanía y palanca de desarrollo, como se dice cada aniversario de la expropiación, Pemex es Talón de Aquiles para la solvencia financiera y energética nacional. Culpar al pasado o tratar de desacreditar a las calificadoras de valores no reducirá su costo financiero. Los mercados ven el balance, vencimientos de deuda inmediatos por 6 mil millones de dólares y problemas de flujo de efectivo hasta para pagar a proveedores.

Se necesita una reestructuración a fondo: cirugía mayor que incluya un plan de desinversión de activos no rentables, saneamiento administrativo, asociaciones para pasar de un enfoque de petrolera de los 70 a una visión de corporación integral de energía del Siglo XXI. México es uno de los países con más potencial en esa vía. La clave es no perder el futuro por ataduras del pasado.

Nota del editor: Rodrigo Villar es un emprendedor social y Socio Fundador de New Ventures, donde busca transformar la manera tradicional de hacer negocios y crear un nuevo modelo empresarial que perciba el impacto como status quo. Cuenta con un MBA del Royal Melbourne Institute of Technology y estudió la carrera de Contabilidad y Administración Financiera por el Tecnológico de Monterrey. Síguelo en Twitter y/o en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Expansión

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